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domingo, 29 de mayo de 2016

"¿Tanto cuesta recogerlo?"

Sanción a aquellas personas que incumplan la Ordenanza Municipal.
La concejalía de Seguridad y Protección Ciudadana, en colaboración con la Policía Local, ha iniciado una nueva campaña de vigilancia sobre la recogida de excrementos de perros. Con el lema ¿Tanto cuesta recogerlo? se pone en marcha esta campaña ya que son constantes las denuncias sobre estas infracciones que cometen las personas dueñas de perros, al no retirarlos de los lugares donde hacen sus deposiciones.

El objetivo de la campaña es la concienciación por parte de las personas que tienen estas mascotas, para que recojan los excrementos cuando éstos son depositados en la vía pública (aceras, parques o calzadas, entre otros). Por lo que, no sólo se pretende denunciar a las personas que infringen la norma municipal sobre limpieza viaria, lo cual se realizará sin duda alguna por los agentes, sino que también se quiere evitar tener que llegar a esta medida.

Desde la Policía Local se hace un llamamiento a la colaboración ciudadana para erradicar este mal hábito de algunos responsables de perros. Además recuerdan que cualquier persona puede denunciar estos hechos ante la Policía Local (926242121 - 112), basta con que se indique el lugar donde se está produciendo el hecho y las características de la persona que incumple esta elemental norma de convivencia vecinal.


Como propuesta para evitar las sanciones y multas, aquí dejamos 4 divertidas y creativas ideas para evitarlo:


1. Perros ecológicos: bolsas reciclables y con olor
El método más extendido para recoger los excrementos del perro son las bolsas de plástico. Basta con envolver la mano con ella, recoger los desechos, darle la vuelta y atar bien la bolsa antes de tirarla en la basura destinada para ello. Pero, ¿por qué no hacer este simple acto cotidiano un poco más ecológico y divertido? Una posibilidad es utilizar algunas de las bolsas biodegradables para residuos caninos que ya existen en el mercado. ¡Las hay incluso con simpáticos olores, para ocultar mejor el contenido de la bolsa!


2. Paleta canina, para no tocar

Las palas de plástico no son solo útiles para limpiar el arenero del gato. ¿Por qué no usar estas herramientas también para recoger las heces del can durante los paseos? La opción es apta para los más sibaritas y para todos aquellos que no quieran tocar las deposiciones.
Eso sí, es importante recordar lavarlas bien con jabón cuando se llega a casa y tenerlas limpias para la próxima salida.
3. Dispensadores de bolsas estilosos
Los dispensadores de bolsas para perros son contenedores de tela o plástico donde se pueden transportar mejor estos útiles accesorios durante los paseos. Sin embargo, no hay razón para conformarse con un modelo aburrido. ¿Por qué no elegir uno estampado, adornado con colores e incluso ideado por algún diseñador canino?




4. Adiós al plástico: ¡llegó el papel!
El plástico es un residuo difícil de destruir en la naturaleza. Por ello, una alternativa más ecológica y respetuosa con el entorno para recoger los excrementos de la mascota es emplear papel de periódico.


Espacio público (Entrevista a Francesco Tonucci)

“Los niños en la calle la convierten en un espacio seguro” Francesco Tonucci.


Los niños son ciudadanos al igual que los adultos. Pero, ¿cuál es su diferencia en relación con la ciudad?
No debería existir diferencia. Deberían ser reconocidos y aceptados como todos los ciudadanos. Pero efectivamente, en la ciudad moderna no es así. El tema es que desde el final de la última Guerra Mundial, las ciudades –mayormente las europeas– que fueron destruidas, se han tenido que reconstruir pensando en un ciudadano prototipo que corresponde a las características de ser adulto, varón y trabajador. No se ha pensado en reconstruirlas para todos. En este contexto, la ciudad va olvidándose de los que no son adultos, varones y trabajadores: como los niños y ancianos. Personas que no están dentro del mundo laboral. Por eso, de alguna manera, se reconocen como menos ciudadanos. Tanto es así que, en estos últimos años, estas categorías sociales desaparecen de la ciudad. Si nosotros recorremos una gran ciudad como Lima, es probable que no encontremos ni un niño moviéndose solo, ni una persona con discapacidad, ni ancianos.

Recuerdo justamente que un niño de Roma me comunicó que su abuelo había decidido no salir más de casa porque el semáforo no le daba tiempo para cruzar. ¡Esta es una denuncia tremenda! Significa que la ciudad de la cual esta persona es ciudadano lo ha rechazado, lo ha expulsado. Y estas categorías que no se ven en el espacio público, ¿dónde están? O viven dentro de casa, normalmente frente a una pantalla, o están en lugares que la ciudad, democrática y generosa, prepara básicamente para ellos. Esta es una forma de marginación. Quiere niños que en lugar de vivir en el espacio público, como todos nosotros, vivan restringidos a un parque donde ellos solo pueden jugar, una ludoteca o un parque temático, como hay otros lugares específicamente para ancianos. Repito, esta es una forma de exclusión. No es una forma de respeto.



¿Cuáles son las consecuencias en los niños de no poder salir a jugar en la ciudad libremente?

Son varias y son graves. La primera es que un niño que no puede salir de casa solo -sin adultos- no puede jugar. Y bueno, cuando digo esto los adultos se ofenden: “¿cómo que no pueden jugar, si gastamos tanto dinero por sus juguetes y los acompañamos todos los días al parque?” En mi opinión los juguetes pueden ser buenos para jugar si son pocos y se pueden aprovechar por mucho tiempo con varios amigos. Y estos dos elementos: tiempo y amigos, han desaparecido. Con lo cual se han quedado solo los juguetes y nuestros hijos se están transformando de jugadores a propietarios de juguetes. Esto tiene relación con el parque para el juego. Es un lugar inadecuado para los niños porque se quedan siempre en lo mismo. Tienen que ir acompañados por los padres y acompañar a un niño a jugar es nocivo. Es una contradicción interna: el verbojugar no se puede conjugar con el verbo acompañar sino que es conjugado con el verbo dejar (permitir). Por lo cual el juego necesita confianza.

Un segundo aspecto grave es que el niño que no puede salir de casa sin adultos no puede descargar energía física, lo necesita. Aquí cala todo el tema de la obesidad infantil y de los problemas de interacción que se manifiestan en la escuela. Claro que hay también casos patológicos, pero en la mayoría depende del hecho que los niños no pueden descargar energías y no pueden pelearse, no pueden pegarse, no pueden trepar, no pueden correr. Es decir, todo lo típico de la infancia no pueden hacerlo porque los adultos que los acompañan no lo permiten.

En tercer lugar, los niños que no pueden salir de casa solos no pueden vivir la experiencia del encuentro con otros desconocidos y poner en marcha todas estas estrategias de conocimiento que son fundamentales para la vida adulta: por ejemplo, el elegir un compañero o compañera de la vida. Hoy los niños son condenados a frecuentar solo compañeros de la misma edad, de la misma clase o hijos de los amigos de los padres. Con lo cual siempre son amistades muy comprobadas y es muy complicado hacer tonterías como lo hemos hecho todos nosotros de pequeños.

Y por último, un niño que no puede salir solo de casa no puede vivir la experiencia del riesgo. Y el riesgo es un componente esencial del desarrollo, de conocimiento, es un elemento fundamental del juego y es una herramienta fundamental de la felicidad: de la satisfacción que algo que era imposible ayer, pude hacerlo y lo he conseguido hoy.


Y en el caso que el niño sí pudiera jugar libremente, ¿cómo es que se fortalece la ciudadanía?
Claro, esto es una equivocación. De nuevo no tiene nada que ver con la necesidad de juego de los niños: es un pacto entre adultos. Es decir, el adulto alcalde muestra a sus ciudadanos que se preocupa de sus hijos creando estos espacios de juego. Y los adultos padres le agradecen al alcalde por pensar en sus hijos. Ni uno ni el otro hace un esfuerzo por acordarse cómo eran ellos de pequeños y qué era lo que les interesaba. Yo digo siempre: “probemos a cerrar los ojos para pensar nuestra infancia y nuestros juegos” No saldrán ni columpios ni toboganes. Saldrán cosas raras, algunas que no se podían contar a los adultos. Pero son por estas experiencias por las que nos hemos hecho grandes, adultos.

Y estos espacios especiales para niños no llegan a ser buenos porque son siempre los mismos. Es decir, un niño va a estos espacios en cochecito, después va al primer año de vida, después a los 3 años y vuelve a los 5. Y siempre hay columpios y toboganes. La idea no es que un niño se divierta repitiendo siempre los mismos juegos, no corresponde. Este lugar, que se queda igual siempre, no llega a ser el lugar de juego verdadero. El lugar de juego verdadero tiene que ser adecuado al juego elegido. Y cambiarán según crezcan las necesidades y las capacidades de los niños. Para no equivocarnos, el espacio verdadero de juego de los niños es la ciudad, toda la ciudad.